Es obligado que recordemos en este momento que el resultado político inmediato del comportamiento el 13M de ese millón de electores vascos ha sido dar al nacionalismo vasco del PNV-EA la mayor victoria de su historia, con el mayor número de votos y escaños nunca sumados. Victoria que les va a mantener en la posesión del Gobierno de la C.A.V. Y además en incomparablemente mejor situación que en la legislatura pasada toda vez que ahora sus escaños superan a la suma de los del PP y PSOE. De manera que quedan blindados contra un acoso como el que sufrieron en el Parlamento de Gasteiz durante el año 2000 y el comienzo del 2001.
No menos resaltable es el hecho de que eso se ha producido a pesar y después de la feroz campaña desencadenada por los españoles durante meses y meses contra el PNV y EA, contra Arzalluz y Egibar, contra el nacionalismo vasco todo, contra "el mal uso de la autonomía vasca", etc., etc. De forma que, como ya hemos contemplado antes abundantemente, muchísima gente lee los resultados del 13M diciendo que EUSKAL HERRIA GANA, ESPAÑA PIERDE.
Ahora bien, siendo todo eso cierto no lo es menos que esas victorias son "pan para hoy y hambre para mañana".
El problema, para la coalición PNV-EA y para todos los vascos, es que esa victoria de Euskal Herria sobre España ha sido cierta e innegable. Pero no definitiva. Podría haberse convertido en tan potencialmente definitiva como fue la victoria comunista de Stalingrado pero el planteamiento de la batalla por PNV-EA y (lo que es ya más definitivamente significativo) su gestión de la victoria están deslizándose a la reedición del error alemán que dilapidó la victoria de Bélgica en el fiasco de Dunkerque.
Porque las victorias vascas del 13M son victorias esencialmente, estructuralmente, inevitablemente FRÁGILES.
Inestables. Insuficientes. Porque son, sobre todo, escapistas. Son, sobre todo, un seguramente condenado al fracaso intento de ignorar el problema real. De ignorar la contradicción real. De apostar por la definición falsa de un problema real. Y, consiguientemente, de apostar por la solución inevitablemente falsa de un planteamiento falso de un problema real.
La contradicción real, el problema real es el enfrentamiento de España con Euskal Herria, la negación que de Euskal Herria, de su misma existencia y de sus derechos hace España.
Han sido las dos minorías sufrientes (MLNV y los atacados por ETA) quienes a través de sus expresiones políticas (EH y la "Unión Sagrada Española" PP+PSOE) han planteado el problema real y sus dos reales contrapuestas soluciones. La solución de la independencia y la solución de la destrucción de ETA y del nacionalismo vasco.
Pero, como hemos visto aquí, la mayoría absoluta del electorado vasco (ese millón del que he venido hablando) optó el 13M por escaparse del problema real. Por no apostar por ninguna de las dos soluciones reales. Por apostar por el mantenimiento imposible de una no solución del problema. El grueso determinante de esa mayoría (los 604.222 votos PNVEA) optó por una definición falsa del problema que desemboca en una solución falsa: el bobo recitado de las jaculatorias de Ibarretxe ("Sí a la vida", "Sí al respeto", "Sí a la solidaridad", "No-violencia y defensa de los Derechos Humanos", "Diálogo Político", "Respeto a las decisiones de la sociedad vasca"," Construcción Social").
Por eso la fragilidad de las victorias del 13M. Porque desde el mismo momento en que terminaron de contarse los votos revivió y reapareció el problema real. Y la persecución de sus respectivas soluciones reales por las dos fuerzas que las propugnan. España va a continuar intentando la destrucción de ETA y del nacionalismo vasco todo y ETA y el conjunto de la izquierda abertzale van a continuar intentando conseguir la independencia de Euskal Herria.
Ya lo están haciendo ambas fuerzas. Más abajo me refiero a las aciones de ETA posteriores al 13M que evidencian que prosigue su ofensiva y a las acciones del Gobierno de España que evidencian que igualmente prosigue con su contraofensiva antivasca a pesar del estrepitoso fracaso de su "operación Barbacana".
La cuestión entonces es ¿Qué van a hacer PNV y EA con su frágil victoria?